Vaya si han pasado cosas desde la última entrada publicada, una mini-vida como quien dice!!; la principal es que después de mil esfuerzos, de lágrimas de todo tipo, desde las que causa la impotencia a las que causa la pura y dura soledad, mi familia está conmigo.
Cada uno llora a su manera, normalmente me suelo poner una armadura de esas que llevan un candado y que nadie puede abrir, quizás a veces no es lo mejor para mí, pero estoy convencido que es lo mejor para los que me quieren y quiero, realmente sólo mi princesa consigue que exteriorice y que reviente a llorar como un niño pequeño apaleado por la vida, quizás porque es algo a lo que nunca me adaptaré, nunca me rendiré, nunca dejaré de trabajar por cambiarlo, y siempre, siempre romperás todos los candados que la vida ponga en el camino.
En Noviembre llegó la crisis, y con la crisis el recorte de personal, y con el recorte de personal me quedé sin puesto. Nunca había llevado una situación así con tanta tranquilidad (se ve que el enfermo mejora con el tiempo…), a la vez que sucedía esto llegaba mi cumple y el mejor regalo que he tenido en mi vida y posiblemente seguro que el mejor que vaya a tener, llegaba “mitodo” y con ella conocía a Theo, es difícil explicar lo que siente uno y aunque escribir es un ejercicio de desahogo y de expansión para mí, en estos casos es un poco frustrante no tener una fórmula mágica como tiene por ejemplo la doctora Díaz para expresar el torbellino de sentimientos en que nuestras almas se envuelven cada día.
La verdad que para ser un cambio tan grande en todos los sentidos, me he adaptado muy bien, y todo indica que mis soles también. Es maravilloso salir de casa cada día con unas ganas locas de regresar para estar con mi familia, disfrutar de todos los momentos “mundanos” que en el ambiente creado cambian completamente de significado, siento que tengo un hogar, y eso es algo que no sucedía desde…”el pasado ya pasó”.
Llegaron las navidades y compartimos sentimientos de nostalgia, “mitodo” extrañando a su familia y yo a mi princesa, hasta que los reyes magos me la trajeron a Valladolid y pude disfrutar de ella aunque sólo fuera un momentito, y aunque sólo fuesen horas, el poder hablar con ella, compartir nuestras cosas, abrazarnos, querernos es algo tan, tan fuerte que si tuviera la posibilidad no me importaría lo más mínimo recorrer mil kilómetros cada día para poder abrazarla. La pena más grande es que por ahora es un sueño y la realidad te da un bofetón cada día impidiéndote realizarlo, pero es mi sueño, y soy lo suficientemente cabezón para conseguirlo, y lo haré, por mis …. Que lo haré.
Pasaron las navidades, el campeonato de España en Valladolid y… otro regalito en forma de trabajo, teniendo en cuenta como está la cosa, es una bendición tener algo más en lo que apoyarse.
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